Yungay: 50 años después de un desastre

Por: Hernando Tavera, presidente ejecutivo del IGP

El 31 de mayo de 1970, se inauguró la Copa Mundial de Fútbol de México. Todos los peruanos esperábamos con gran interés, después de 40 años, el debut de nuestra selección en el Mundial y el partido contra la selección de Bulgaria que se llevaría a cabo dos días después. Ese domingo 31 de mayo, a las 3:23 p. m., un sismo de magnitud M7.9, con epicentro en el mar muy cerca de la línea de costa de la ciudad de Chimbote, sacudió con tal intensidad las regiones de La Libertad, Ancash y Lima que todas las viviendas de adobe y quincha colapsaron complemente. En Huaraz, cerca del 80 % de las viviendas resultaron destruidas, mientras que el tsunami generado por este terremoto inundó la zona costera de Chimbote.

Este gran sismo provocó un efecto secundario de grandes dimensiones. Un bloque de hielo del sector norte del nevado Huascarán se desprendió y generó un aluvión de un volumen de cerca de 40 millones de metros cúbicos con lodo, piedras y hielo que, con la abrupta pendiente, alcanzó velocidades mayores a 300 km/hora y sepultó la ciudad de Yungay en 3 minutos. No se sabe cuántos perdieron la vida, pero se salvaron cerca de 300 personas, cuyos testimonios fueron la principal fuente de información de todo lo sucedido en ese fatídico día.

¿Hemos aprendido? El Perú es un país altamente sísmico. Estos y otros peligros naturales son cíclicos, se volverán a repetir y quizás generan los mismos escenarios de daño y destrucción. Sin embargo, hay un aspecto clave que falta desarrollar para evitar nuevos desastres: cultura de prevención. Quienes visiten el llamado «Campo Santo de Yungay» o la antigua Yungay, quizás reflexionen y comprendan que los desastres no son producidos por la ocurrencia de peligros naturales, sino que somos nosotros quienes los generamos construyendo nuestras viviendas de manera inadecuada o en áreas de riesgo. No hemos aprendido a vivir en armonía con la naturaleza.

Hoy, en pleno siglo XXI, nos damos cuenta que la cultura de prevención no avanzó al paso de la ciencia y el desarrollo tecnológico. Sabemos dónde ocurrirán los próximos terremotos, deslizamientos, aluviones, huaicos, inundaciones, pero como sociedad no hemos aprendimos nada del pasado.

El Estado peruano viene sumando y ha invertido en el Instituto Geofísico del Perú (IGP) para modernizar el Centro Sismológico Nacional (CENSIS) y crear el Centro Vulcanológico Nacional (CENVUL), servicios con los cuales contribuimos a la disminución del riesgo de la población. En 2020, el Estado nuevamente apuesta por el IGP para sacar adelante el proyecto «Sistema de Alerta temprana de Sismos (SASPe)», el mismo que permitirá la instalación de instrumentación a lo largo de la costa peruana para beneficio de por lo menos 8 millones de habitantes. En este camino, como IGP, seguimos haciendo «Ciencia para protegernos, Ciencia para avanzar».

(Publicado en Diario Correo Arequipa)



Vía gob.pe

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